Cannabis: bendita eres entres todas las plantas

Redacción: Mónica Esan

Redacción: Mónica Esan

Abortista, pacheca y feminista. Escritora creativa y poeta publicada en #Versas&Diversas. Gerente de contenidos para diversas marcas 420. Amante de la música y el tarot.

Es de nuestras plantas favoritas y en las últimas décadas se ha convertido en la mejor amiga de muchos, además de sus beneficios terapéuticos, nos ayuda a sobrellevar la vida desde una perspectiva más introspectiva. Pero ¿cómo está compuesta esta hermosa planta? ¿Cómo llegó a nuestras vidas? ¿Por qué nos parece mágica?

Historia de la planta

Originalmente conocida como cáñamo o cannabis, fue una de las primeras plantas en ser utilizadas por el ser humano con fines medicinales y sus registros de uso se remontan a la prehistoria.

Apareció hace treinta y seis millones de años en el macizo de Altái, ubicado en la meseta de Asia Central. Desde allí se extendió por todo el mundo; hacia el norte se extendió por China y Europa, donde prevaleció su uso como fibra (aunque también existen pruebas de que también se usó como remedio en esas zonas). Hacia el sur se propagó por India, Oriente Medio y África, donde sus propiedades curativas y su uso psicotrópico alcanzaron una gran popularidad. Donde quiera que se introdujera la planta tendía a quedarse; se dedicaban grandes extensiones de terreno a su cultivo y se le daban una notable variedad de usos medicinales, dietéticos y prácticos.

Desde estas primeras épocas, la planta ya era considerada como un elemento fundamental para la vida, un catalizador en la conexión espiritual y humana, así como un remedio para distintos padecimientos que ni siquiera se habían podido nombrar. 

A lo largo de su existencia ha recibido cientos de nombres y cuenta con una vasta historia que se remonta hasta Grecia donde adquirió mayor popularidad.

Dioscórides, un médico, farmacólogo y botánico de la Grecia romana, que practicó la medicina en Roma; la denominó kanna-bion en el siglo I de nuestra era (este diminutivo se traduce como “cannabis pequeño” o “cannabis querido”, probablemente a partir de la raíz kanna o cane. Varias teorías diferentes sobre la etimología de la palabra apuntan a un origen sumerio o sánscrito. Algunos eruditos afirman que la planta se menciona en la biblia como «caña o bastón aromático”, o como parte de un “aceite sagrado” hecho con varias hierbas que solo se podía usar por miembros del sacerdocio.

La introducción del cannabis en el mundo moderno se atribuye al médico irlandés William Brooke O’Shaughnessy, quien en 1839 inventó el tratamiento moderno para el cólera y efectuó importantes contribuciones en diversos campos. Sin embargo, todavía no se llegaba al descubrimiento sobre la composición química y biológica del cannabis.

Fue en Israel por el año de 1963 que, en el laboratorio del doctor Raphael Mechoulam se descubrieron las estructuras y propiedades estereoquímicas del cannabis, primero se descubrió el cannabinoide CBD y al año siguiente se aisló el THC puro. Al principio la investigación se centró en el THC. En las décadas de 1970 y 1980, Mechoulam y sus compañeros encabezaron numerosos estudios que demostraron la eficacia tanto del THC como del CBD en el tratamiento de los trastornos convulsivos y otros problemas de salud. Sin embargo, la prohibición legal del cannabis en Estados Unidos y muchos otros países, impuso muchas limitaciones a las investigaciones.

¿Por qué nos parece mágica?

Para comprender la forma en que esta bellísima planta actúa dentro del cerebro y el resto del cuerpo (humano y animal), debemos acudir a la neurociencia. 

Viajemos de regreso a 1970, cuando se otorgó el Premio Nobel de Medicina a un pequeño grupo de científicos que habían efectuado descubrimientos importantes en cuanto al rol de los neurotransmisores. Estas investigaciones se centraron en cómo estos mensajeros transmiten información entre las neuronas de todo el sistema nervioso, (autónomo, central y periférico), desde receptores presentes en la piel hasta la médula espinal y el cerebro.

Desafortunadamente, estas investigaciones se vieron limitadas por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. Fue hasta 1992 que el doctor Raphael Mechoulam (el mismo que había identificado el THC y CBD), descubrió que los cuerpos de los animales y los humanos producen de forma natural lo que en ese momento denominó como endocannabinoides*, compuestos químicos similares a los fitocannabinoides* vegetales presentes en el cáñamo y el cannabis. Estos receptores se conectan perfectamente como una llave. ¿Por qué nos parece mágica? Porque los receptores CB1 y CB2 forman parte de un complejo y equilibrado sistema de comunicación llamado Sistema Endocannabinoide. El cual es responsable de dos actividades básicas: la primera es modular el placer, la energía y el bienestar. La segunda es impulsar lentamente el cuerpo a recuperar la salud frente a lesiones y enfermedades.

Este sistema que tenemos incorporado en nuestro cuerpo supervisa la lucha constante del cuerpo entre construirse y descomponerse. Cuando detecta que cualquiera de estos dos procesos es demasiado predominante, aparece y desaparece con la misma rapidez, para hacer que el organismo vuelva a la normalidad. Es importante notar que este sistema no almacena sus componentes principales, sino que los fabrica bajo demanda. Es responsable de reequilibrar los sistemas más esenciales del cuerpo para controlar el dolor, el estado de ánimo, la inflamación, la energía, el bienestar y la enfermedad

Gracias a estos descubrimientos e investigaciones es que hoy podemos conocer otros compuestos que intervienen con la planta, como los fitocannabinoides, (THC, CBD, THCV, CBG, CBC, CBDA, THCA, CBDV, CBN) así como sus beneficios terapéuticos. Los terpenos, que son compuestos químicos muy habituales en las plantas y animales; y que actúan como mensajeros celulares), tricomas, etc. 

En resumen, es gracias a todos estos compuestos que intervienen dentro del Sistema Endocannabinoide, que sentimos menos ansiedad cuando consumimos CBD, o más energéticos cuando fumamos una sativa. Porque este sistema tiene una importancia extraordinaria para nuestra supervivencia. Está activo en todo el cuerpo, presente en el cerebro y el resto del organismo. Afecta a cuestiones tan variadas como múltiples tipos de cáncer, enfermedades del corazón, inflamación, dolor y estado del ánimo.

Cada día que pasa aprendemos más de esta extraordinaria planta y lo mucho que sus bondades y propiedades trae en nuestras vidas. Sin embargo, aún nos falta (especialmente en México) romper con el estigma e impulsar reformas educativas y legislativas para tener un libre acceso a ella.

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